Daily
CNA brindará asistencia técnica a gobiernos locales
Los municipios y juntas comunales garantizan la democracia y el desarrollo comunitario.
DNews507 cobertura especial
Panamá, 12 de junio de 2026 – El acto protocolar inició con las palabras de la presidenta del Colegio Nacional de Abogados (CNA), la Magíster Maritza Cedeño Vásquez, quien destacó que la suscripción de estos convenios de cooperación y asistencia técnica constituye un paso trascendental para el fortalecimiento de la institucionalidad democrática y la buena gobernanza local. Cedeño subrayó que la abogacía organizada no limita su función al ejercicio privado, sino que posee un profundo compromiso social que busca poner el conocimiento jurídico al servicio del interés público, facilitando una gestión eficiente, transparente y apegada a la legalidad. Asimismo, la presidenta compartió un emotivo matiz personal al rendir homenaje a su abuelo, Matías Cedeño, quien fungió como representante y constituyente, reafirmando que bajo su administración el CNA brindará todo el respaldo necesario para capacitar integralmente a las autoridades del país.

Seguido a esto, la intervención del licenciado Juvenal Ríos, presidente de la Comisión de Derechos Municipales del CNA, aportó un profundo análisis doctrinal al evocar el pensamiento de Alexis de Tocqueville sobre la trascendencia de las instituciones locales en la preservación del espíritu de libertad. Ríos remarcó de forma categórica el Artículo 233 de la Constitución Política de la República de Panamá, el cual reconoce formalmente a los gobiernos locales como entidades dotadas de personalidad jurídica, así como de autonomía política, administrativa y financiera. A través de este recordatorio constitucional, el jurista sustentó que el municipio y las juntas comunales no representan estructuras menores o meramente simbólicas dentro del engranaje público, sino que constituyen el escenario primario y esencial donde se materializa la participación ciudadana y la verdadera esencia democrática.
En este mismo orden de ideas, el licenciado Ríos profundizó en el marco normativo vigente al citar de manera directa la Ley 103 de 1973, disposición que define legalmente al municipio como la unidad básica de la organización territorial del Estado panameño. De igual forma, hizo mención de la Ley 106 de 1973, la cual establece detalladamente las competencias, obligaciones, mecanismos de planificación y rendición de cuentas que rigen a la administración local. El especialista remarcó que el derecho municipal representa una manifestación viva del derecho administrativo, advirtiendo que ninguna decisión local puede desvincularse de la rigurosidad legal y el debido proceso, puesto que la eficiencia y la transparencia del sistema gubernamental de los 81 municipios se miden directamente en su gestión cotidiana frente a la comunidad.

Por su parte, la presidenta de la Asociación de Municipios de Panamá (AMUPA), Nadine González, abordó la realidad práctica de los territorios al señalar que más del 72% de las autoridades electas en este quinquenio son nuevas, lo que genera una urgente necesidad de docencia y actualización legal. González resaltó que AMUPA, con sus 30 años de trayectoria en capacitación, ve en esta alianza un pilar fundamental para guiar a los alcaldes y representantes en nuevos desafíos como la reforma a las Casas de Justicia de Paz y los procesos de rendición de cuentas exigidos por la Contraloría. La líder gremial enfatizó que todas las autoridades locales tienen la genuina intención de realizar una gestión impecable, pero que para lograrlo es indispensable trabajar coordinadamente con los expertos del derecho, evitando la zozobra y garantizando que los recursos de la descentralización se ejecuten con absoluta transparencia y apego a las reglas del juego.
Posteriormente, en representación de la Asociación de Alcaldes de Panamá (ADALPA), su presidente el alcalde de Pedasí, Miguel Batista, reafirmó el valor de este convenio como el nacimiento de una verdadera hoja de ruta y de trabajo conjunto orientada al desarrollo institucional y social del país. La intervención gremial advirtió con preocupación que una parte considerable de la ciudadanía aún desconoce cuáles son los roles y competencias específicas que diferencian a un representante de corregimiento, a un alcalde y a un diputado. Ante este panorama, el liderazgo de ADALPA celebró la alianza con el gremio abogadil como una oportunidad idónea para generar mayor docencia tanto hacia las autoridades como hacia los propios ciudadanos, devolviendo las normas de conducta administrativa y convirtiendo a los municipios en los mayores aliados para descentralizar y expandir el impacto del CNA a nivel nacional.
A su turno, Celestino Vargas, presidente de la Coordinadora Nacional de Representantes de Corregimiento (CONARE), calificó la asistencia legal como una herramienta imprescindible en el complejo escenario actual, donde las funciones de las autoridades locales son constantemente cuestionadas y sometidas a rigurosas auditorías por actos enmarcados en periodos de emergencia. Vargas defendió con firmeza el rol del corregimiento como la comunidad política de base que sostiene el andamiaje del «Poder Popular», manifestando que es en esta instancia donde la respuesta estatal llega de forma más directa y eficaz a la población. El presidente de CONARE también aprovechó el espacio para reflexionar sobre la necesidad de una distribución económica más justa y equitativa de los fondos del programa IBI, denunciando la impotencia de ver cómo unos pocos municipios concentran la mayoría de los recursos mientras el resto mantiene asignaciones estancadas desde hace una década.
Finalmente, este histórico encuentro de voluntades cierra con un rotundo consenso que refuerza la importancia estratégica de la asistencia técnica del CNA con los gremios del Poder Popular representados en las juntas comunales, alcaldías y consejos municipales. Esta alianza técnico-jurídica trasciende el plano formal de la firma de un documento para consolidar un escudo de asesoría oportuna, capacitación continua y acompañamiento especializado frente a los debates de reforma a la ley de descentralización. Al unificar las capacidades de la abogacía organizada con la experiencia territorial de los líderes comunitarios, Panamá da un paso en firme hacia una administración local moderna, eficiente y profundamente humana, demostrando que la construcción de la democracia y la correcta ejecución de las políticas públicas nacen de la seguridad jurídica y el fortalecimiento desde lo local.
Daily
Denuncian a la ARAP por encarecer alimentos
Medidas burocráticas sobre recursos procesados impactan el comercio y la economía familiar
Redacción: DNews507 / Fuente: RRPP del abogado Venancio Serrano
Panamá, 17 de junio de 2026 – Panamá se encuentra en el centro de un intenso debate que cruza la gestión de recursos marinos, la logística portuaria y la seguridad alimentaria. El abogado y experto aduanero Venancio Serrano presentó una solicitud formal ante el administrador general de la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá (ARAP), Eduardo Carrasquilla, exigiendo suspender de inmediato las medidas que imponen licencias de comercialización y tasas adicionales de inspección a la importación de productos enlatados como el atún y las sardinas.
El núcleo del conflicto radica en una presunta extralimitación de funciones institucionales que afecta la sostenibilidad del comercio local. Serrano argumenta que, si bien la Ley 204 de 2021 otorga a la ARAP plenas competencias sobre los recursos acuáticos dentro del territorio nacional, estas normativas no deberían alcanzar a productos que ya han sido procesados, envasados y sellados en el extranjero, provenientes de mercados internacionales como China, Malasia y Estados Unidos.
Esta presión regulatoria está generando un grave cuello de botella en los principales puertos de entrada, afectando la eficiencia de la cadena de suministro global y local. Los importadores reportan severos retrasos en la liberación de contenedores, lo que se traduce en costos adicionales por almacenaje portuario; un impacto operativo que contradice los esfuerzos de dinamización económica y optimización de los recursos logísticos en el país.
Uno de los puntos más controvertidos de la denuncia es la inclusión del aceite de soya dentro de los controles automatizados de la ARAP en el sistema informático SIGA de la Autoridad Nacional de Aduanas. El jurista cuestiona con firmeza esta medida, advirtiendo que, al tratarse de un recurso agrícola terrestre y no de origen marino, la institución carece de jurisdicción legal para fiscalizarlo, lo que añade una traba burocrática innecesaria que encarece la canasta básica.
Frente a este escenario, se ha solicitado la intervención urgente de la alta dirección de la ARAP para dejar sin efecto estas disposiciones que atentan contra las políticas estatales de precios accesibles. En un contexto actual donde la eficiencia comercial y la seguridad alimentaria deben caminar de la mano, aliviar la carga económica sobre los consumidores y corregir las distorsiones en la gestión de los recursos resulta vital para el desarrollo sostenible de la población panameña.
Daily
Panamá protege sus cuencas con participación ciudadana
Comités comunitarios lideran la conservación del agua frente al cambio climático actual.
Redacción: DNews507 / Fuente: RRPP Ministerio de Ambiente
Panamá, 17 de junio de 2026 – En el marco del reciente Día Nacional de las Cuencas Hidrográficas, celebrado el pasado 15 de junio, Panamá reafirma su compromiso con la gestión sostenible de sus recursos hídricos. El Ministerio de Ambiente ha destacado el papel crucial que juegan las comunidades organizadas en la protección y restauración de estas áreas críticas. En la actualidad, la gobernanza participativa se presenta como la estrategia más efectiva para enfrentar la vulnerabilidad climática y asegurar el abastecimiento de agua en todo el territorio nacional.
Para articular estos esfuerzos, el país cuenta hoy con una estructura sólida compuesta por 44 Comités de Cuencas Hidrográficas, 43 Comités de Subcuencas y dos de Microcuencas. Estos espacios integran de manera estratégica a gobiernos locales, instituciones públicas, la academia, el sector privado y la sociedad civil. Juntos, estos actores identifican las prioridades ambientales de cada región, promoviendo un diálogo constructivo que transforma la gestión del agua en una responsabilidad compartida.


Las acciones en el terreno demuestran el dinamismo de estos comités mediante jornadas intensivas de reforestación en zonas de recarga hídrica y la rehabilitación de viveros comunitarios. Asimismo, se ejecutan limpiezas periódicas de ríos y se impulsa el monitoreo participativo de la calidad del agua, contando con el respaldo científico del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud. Estas iniciativas no solo protegen los ecosistemas, sino que también involucran directamente a estudiantes y residentes locales.
Al respecto, Betzabé Atencio, directora de Seguridad Hídrica del Ministerio de Ambiente, señaló que estos comités constituyen un mecanismo esencial para involucrar a la ciudadanía en la búsqueda de soluciones locales frente a los desafíos de disponibilidad del recurso. La funcionaria enfatizó que la labor voluntaria desarrollada a nivel nacional es clave para consolidar una verdadera cultura ambiental y garantizar el bienestar de las poblaciones que dependen directamente de estas fuentes hídricas.
Esta conmemoración, establecida originalmente mediante resolución en 2024, resalta la urgencia de promover la educación ambiental de cara al futuro. El trabajo coordinado de los comités de cuencas no solo responde a una fecha en el calendario, sino a un esfuerzo continuo por la seguridad hídrica de Panamá. En un contexto global que exige sostenibilidad, la participación ciudadana se consolida como el motor principal para preservar la riqueza natural del país.
Daily
El Retorno de la Isla Penal de Coiba
Ochenta y cuatro años de historia penal regresan para desafiar el patrimonio, los derechos humanos y la soberanía ambiental de Panamá
DNews507 | 15 de junio de 2026
El pasado sábado 13 de junio de 2026, el Ministerio de Seguridad Pública de Panamá, bajo el mando del ministro Frank Ábrego, ejecutó en la más estricta confidencialidad el traslado de 29 reclusos clasificados de alta peligrosidad a las instalaciones de la Estación Aeronaval Teniente Nelson Tenas, ubicada en la Isla de Coiba, Veraguas. Con este acto, un fantasma que parecía enterrado para siempre regresó a las aguas del Pacífico panameño.
El contexto inmediato de la decisión del gobierno del presidente José Raúl Mulino tiene un detonante preciso: el 2 de junio de 2026, un motín en el centro penitenciario La Joyita dejó tres reos muertos y propició la fuga de 195 condenados por delitos graves como homicidio y violación. Aunque las autoridades lograron recapturar a la mayoría en días posteriores, el episodio expuso la fragilidad del sistema penitenciario panameño.
Como respuesta, el Ministerio de Seguridad Pública presentó un plan para reforzar el control sobre los líderes de estructuras criminales y reducir su capacidad de operar y coordinar delitos desde el interior de los centros de detención. Para ello eligió Coiba. El traslado se realizó con sigilo total; de hecho, el propio Ministerio de Ambiente reconoció no haber sido informado inicialmente de la operación.
La Presidencia de la República respaldó la acción del Ministerio de Seguridad Pública afirmando que la medida es parte de una estrategia de seguridad nacional para extremar el control a los cabecillas de organizaciones delictivas, reduciendo su capacidad de incidencia y articulación. El argumento cobra fuerza en un contexto en el que, entre enero y abril de 2026, se registraron 193 homicidios en el país, lo que representa un incremento del 10% respecto al mismo período del año anterior.
Efectos y Alarmas: Derechos Humanos, Legalidad y Patrimonio
Esta sorpresiva medida ha encendido las alarmas en tres frentes críticos de la sociedad:
1. El frente legal y ambiental
La reacción del ministro de Ambiente, Juan Carlos Navarro, fue contundente. En una carta fechada el 10 de junio de 2026 y dirigida a la ministra de Gobierno, Dinoska Montalvo, Navarro calificó la posibilidad de establecer un centro penitenciario permanente en Coiba como «técnica y jurídicamente incompatible» con la zonificación vigente. Argumentó que esta acción choca directamente con la Ley 44 de 2004, el plan de manejo del Parque Nacional y los compromisos internacionales asumidos por Panamá ante la UNESCO.
En un comunicado aclaratorio emitido el 14 de junio de 2026, el Ministerio de Ambiente matizó que la acción del 13 de junio utilizó instalaciones ya existentes de la Aeronaval, las cuales han permanecido bajo custodia del Servicio Nacional Aeronaval desde antes de la creación del parque. Asimismo, confirmaron que no se ha construido ninguna edificación nueva ni se han realizado reformas que impacten el área protegida. No obstante, la institución reiteró que un Centro Penitenciario Permanente con nuevas edificaciones no es viable por razones legales, ambientales y de protección del Patrimonio de la Humanidad.
2. El frente del Patrimonio UNESCO
La preocupación institucional es real y cuenta con precedentes. El Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO ya había advertido a Panamá que los proyectos de infraestructura no autorizados y la pesca industrial ilegal podrían incluir a Coiba en la Lista de Patrimonio de la Humanidad en Peligro. Ingresar a esta lista implica un escrutinio internacional intensivo y puede derivar en la pérdida definitiva del estatus de Patrimonio Mundial.
Coiba es parte de un corredor marino de importancia global que conecta con las Islas Galápagos, Malpelo e Isla del Coco. Su ecosistema alberga 760 especies de peces, 33 de tiburones, 20 de ballenas y delfines, y cuatro de tortugas marinas, incluyendo la carey. Más del 80% de su superficie terrestre conserva bosque primario intacto, una condición que se mantuvo precisamente porque durante décadas nadie osó entrar al territorio de la isla penal.
3. El frente de los derechos humanos y la gestión institucional
La memoria histórica es el argumento más poderoso en este debate. Enviar presos a una isla cuyo historial está marcado por torturas, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales abre una herida que Panamá cerró hace apenas 22 años.
Críticos como el diputado Ernesto Cedeño, del movimiento MOCA, han señalado que esta medida responde a la inoperancia en la administración de los centros penitenciarios en lugar de abordar las causas estructurales del problema. El argumento comparativo es válido: Colombia gestiona más de 4,000 presos de alta peligrosidad en centros continentales sin recurrir a islas penales. Panamá, con una población carcelaria notablemente menor, no puede argüir que le resulta imposible hacer lo mismo.
Por otro lado, aislar a los reclusos en una isla remota —lejos de sus abogados defensores, de sus familias y del escrutinio de la sociedad civil y de los organismos de control— recrea las condiciones que históricamente favorecieron los abusos. El derecho a la defensa, el acceso consular, el contacto familiar y la supervisión judicial son garantías que tienden a erosionarse proporcionalmente a la distancia geográfica.
Resolver una crisis penitenciaria estructural con una medida de aislamiento geográfico extremo es, en el mejor de los casos, una solución provisional que no ataca las raíces del problema. En el peor, representa el primer paso en un camino oscuro y ya conocido.
Contexto Histórico: Una Historia que No Debería Repetirse
Para comprender la magnitud de la alarma actual, es imperativo revisar los 84 años de historia penal de la isla, divididos en tres etapas fundamentales:
1919-1920: El nacimiento de la colonia penal
Mediante el Decreto 15 del 29 de enero de 1920, el Estado panameño estableció formalmente la primera colonia penal en la Isla de Coiba, durante el gobierno del presidente Belisario Porras. Cinco años después, el Decreto N° 83 del 1 de junio de 1925 oficializó su estructura penitenciaria.
Desde entonces, la isla —la más grande de Panamá y de todo el Pacífico centroamericano, con cerca de 500 kilómetros cuadrados de superficie— se convirtió en el destino ineludible para los condenados más peligrosos del país, pero también para quienes resultaban incómodos para el poder de turno.
En su punto más alto de operación, la isla albergó hasta 3,000 reclusos distribuidos en aproximadamente 30 campamentos dispersos por toda su geografía. A diferencia de las prisiones convencionales con muros y rejas, en Coiba la jaula era la naturaleza misma: tiburones, cocodrilos y kilómetros de mar abierto hacían las veces de guardias imposibles de sobornar.
1968-1989: El infierno bajo las dictaduras militares
El período más siniestro del penal coincidió con las dictaduras militares de Omar Torrijos (1968-1981) y Manuel Antonio Noriega (1983-1989). Durante esas dos décadas, Coiba dejó de ser únicamente una cárcel para criminales comunes y se transformó en lo que muchos sobrevivientes y testimonios históricos describieron como un campo de concentración.
Opositores políticos, periodistas, sindicalistas, militares disidentes y cualquier voz crítica al régimen encontraron en Coiba su destino. Se estima que más de 200 personas fueron asesinadas y torturadas en la isla durante esos años. El caso más emblemático fue el del líder izquierdista Floyd Britton, cuyo asesinato y desaparición se convirtió en símbolo de los abusos del régimen.
A los prisioneros trasladados durante el noriegato se les conoció colectivamente como «Los Desaparecidos»: hombres y mujeres que ingresaban a la isla sin boleto de regreso. Testimonios recogidos por investigadores señalan que muchos terminaron en fosas sin identificación cerca de los campamentos, o fueron desmembrados y arrojados al mar. En el campamento denominado «El Machete» se encontraron vestigios de torturas, incluidos fosos en la tierra donde enterraban vivos hasta el cuello a los miembros de las Fuerzas de Defensa que intentaron derrocar a Noriega en los levantamientos de marzo y octubre de 1989.
Organizaciones como Amnistía Internacional documentaron que Noriega fue presunto responsable de homicidios extrajudiciales, desapariciones forzadas, detenciones sin juicio y torturas sistemáticas durante su mandato como dictador de facto entre 1983 y 1989.
1989-2004: El ocaso del penal y la reconversión ecológica
Con la intervención estadounidense de diciembre de 1989 y la caída del régimen de Noriega, el penal inició un lento declive. El uso político de la isla cesó progresivamente y los reclusos pasaron a ser, en su mayoría, criminales comunes. Sin embargo, las condiciones continuaron siendo severas: en 1998 se registró la decapitación de cuatro detenidos, un hecho sangriento que reavivó las denuncias por violaciones a los derechos humanos y presionó hacia el cierre definitivo.
El 27 de agosto de 2004, tras 84 años de operación ininterrumpida, el Estado panameño clausuró formalmente la colonia penal de la Isla de Coiba, trasladando a los últimos reclusos a centros penitenciarios continentales. Ese mismo año, la Ley 44 de julio de 2004 creó el Parque Nacional Coiba y estableció un régimen especial de protección para sus ecosistemas terrestres y marinos. Un año después, en 2005, la UNESCO inscribió al Parque Nacional Coiba y su Zona Especial de Protección Marina en la Lista del Patrimonio Mundial Natural. La isla que durante casi un siglo sembró terror se convertía oficialmente en una joya ecológica de la humanidad.
La Isla de Coiba fue por 84 años el espejo más oscuro de la justicia panameña: un lugar donde el Estado depositó no solo su criminalidad más peligrosa, sino también sus disidencias más incómodas. Su posterior transformación en Patrimonio de la Humanidad representó, en cierto modo, la reparación simbólica que la República se debía a sí misma.
El retorno de los reclusos a esa isla, aunque el gobierno insista en que es una medida temporal y limitada a infraestructuras aeronavales ya existentes, enciende señales de alarma que trascienden la política doméstica. Están en juego el cumplimiento de tratados internacionales, la reputación ambiental de Panamá ante la comunidad global, el debido proceso de los reclusos trasladados y, sobre todo, el mensaje que se envía a las generaciones futuras sobre los límites de la autoridad del Estado sobre las personas privadas de libertad.
La historia de Coiba no es solo la cronología de un penal; es el reflejo de lo que una sociedad decide hacer con quienes considera sus peores elementos y de hasta dónde está dispuesta a llegar para conseguirlo. Panamá ya recorrió ese camino una vez. La pregunta que hoy queda abierta es si la nación está dispuesta a recorrerlo de nuevo.
-
Turismo10 meses agoUn refugio moderno bajo el sello Choice Hotels en Calama, Chile
-
Daily1 año agoMovimiento de contenedores TEUs con 15.1% de crecimiento
-
Ciencia y Salud1 año agoVacunas: Salvan vidas humanas y generan ahorros en los sistemas de salud
-
Ciencia y Salud1 año agoForo abrió la discusión sobre la urgente necesidad de priorizar la atención de la salud visual de los panameños
-
Ciencia y Salud1 año agoPanamá busca revolucionar su sistema de salud con modelos innovadores de financiamiento y tecnología
-
Ciencia y Salud1 año agoFedefarma llama a invertir en la salud de las mujeres por el bien de la familia, los sistemas de salud y la sociedad
-
Innovación1 año agoSamsung presentará en el CES 2025 las startups del C-Lab pioneras en IA, IoT, salud digital y robótica
-
Daily1 año agoPuente vehicular sobre el Río Bayano entra en su fase final de construcción
