Connect with us

Artículos de Opinión

Libertad religiosa en el trabajo: un vacío legal que Panamá aún no resuelve

Published

on

Falta de leyes claras desprotege la fe de los trabajadores panameños.

4 de mayo de 2026 – El autor es abogado especialista en Derecho del Trabajo

Artículo de Opinión

¿Puede una empresa prohibir el uso de símbolos religiosos? ¿Puede un trabajador negarse a participar en ciertas actividades por motivos de fe? En Panamá, estas preguntas no tienen respuestas claras, y esa falta de reglas está generando cada vez más conflictos en el ámbito laboral.

Aunque la Constitución reconoce la libertad de culto y prohíbe la discriminación por motivos religiosos, en la práctica el Código de Trabajo ofrece pocas herramientas para manejar estas situaciones. El resultado es un terreno incierto donde empleadores y trabajadores actúan sin criterios definidos, lo que aumenta el riesgo de decisiones arbitrarias y conflictos innecesarios.

En un país culturalmente diverso y con sectores que dependen de mano de obra internacional, este vacío legal ya no es un tema teórico. Se manifiesta en situaciones concretas: trabajadores que solicitan usar velos o turbantes, empleados que piden permisos para celebraciones religiosas o personas que se niegan a participar en actividades corporativas que chocan con sus creencias. Sin reglas claras, cada caso se resuelve de forma distinta, generando incertidumbre para ambas partes.

El problema de fondo es encontrar un equilibrio. La libertad religiosa es un derecho fundamental, pero también lo es la facultad del empleador de organizar su empresa. Ninguno puede imponerse de forma absoluta sobre el otro. La clave está en establecer límites razonables que permitan la convivencia de ambos derechos dentro del entorno laboral.

Hoy, ese equilibrio depende en gran medida de criterios generales como la “razonabilidad”, lo cual es insuficiente cuando se trata de derechos fundamentales. La ausencia de reglas específicas deja demasiado espacio a la discrecionalidad y, en muchos casos, obliga a que los conflictos terminen en instancias administrativas o judiciales que pudieron evitarse.

A nivel internacional, el estándar es más claro. En muchos países se ha adoptado el principio de “ajustes razonables”, que obliga al empleador a realizar modificaciones cuando sea posible —por ejemplo, en vestimenta o permisos— siempre que no se afecte de forma significativa la operación del negocio. Al mismo tiempo, se reconoce que el trabajador también tiene límites: no puede imponer sus creencias de manera que interfieran con el funcionamiento de la empresa o los derechos de otros.

Panamá podría avanzar en esa dirección. No se trata de copiar modelos extranjeros, sino de adaptar soluciones que ya han demostrado funcionar. Países como España, Chile o Colombia han incorporado reglas más claras sobre igualdad y no discriminación en el empleo, lo que permite manejar estos conflictos con mayor previsibilidad.

Otro problema importante es la falta de procedimientos internos. Cuando surge un conflicto por motivos religiosos, muchas empresas no tienen protocolos claros para abordarlo. ¿Debe existir un diálogo previo antes de una sanción? ¿Cómo se evalúa si una solicitud es razonable? Hoy estas decisiones se toman sin un marco definido, lo que aumenta el riesgo de errores.

Una regulación moderna debería incluir reglas básicas de procedimiento: que el trabajador pueda presentar su solicitud, que el empleador evalúe su viabilidad, que exista una respuesta motivada y que se privilegie el diálogo antes de cualquier medida disciplinaria. Este tipo de mecanismos no solo protege derechos, sino que también reduce conflictos y da mayor seguridad jurídica.

La libertad religiosa no debe verse como un problema, sino como una realidad propia de una sociedad plural. Gestionarla adecuadamente en el trabajo no implica restar autoridad al empleador ni permitir excesos del trabajador. Implica establecer reglas claras para evitar conflictos y garantizar respeto mutuo.

Ignorar este tema tiene consecuencias. No solo afecta derechos individuales, sino que también genera incertidumbre, aumenta la litigiosidad y puede impactar negativamente la imagen del país como destino de inversión y empleo. Un mercado laboral moderno requiere reglas claras, especialmente en temas sensibles como la religión.

Panamá tiene la oportunidad de abordar este vacío con una visión equilibrada. Actualizar el Código de Trabajo en esta materia no es una opción ideológica, sino una necesidad práctica. La realidad ya cambió. Ahora le corresponde a la ley ponerse al día.

Autor: Carlos Castillero Virzi – carloscastillero24@gmail.com

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos de Opinión

PISA 2025 y la pregunta que Panamá debe hacerse

Published

on

Transformar la educación panameña exige analizar las pruebas PISA 2025 con evidencia.

Panamá, 9 de septiembre de 2026 – El autor es educador y promotor social

Artículo de Opinión

Hay resultados educativos que no deberían pasar desapercibidos. La publicación de los resultados de las pruebas PISA 2025 vuelve a poner sobre la mesa una realidad que Panamá no puede seguir postergando: la educación necesita medirse, compararse y transformarse con base en evidencia.

PISA, impulsada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), evalúa a estudiantes de 15 años en áreas fundamentales como ciencias, matemáticas y lectura, además de incorporar en esta edición la resolución de problemas en el mundo digital. No se trata simplemente de saber quién ocupa el primer lugar. Se trata de conocer qué tan preparados están nuestros jóvenes para enfrentar los desafíos de la vida real.

Los resultados de 2025 dejan importantes lecciones. Las jurisdicciones chinas de Beijing, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang, agrupadas por la OCDE como B-S-J-Z, y Singapur fueron los sistemas educativos con mejor desempeño global en las tres áreas principales. B-S-J-Z obtuvo 597 puntos en ciencias y 612 en matemáticas, mientras Singapur alcanzó el primer lugar en lectura, con 535 puntos. Japón, Estonia, Corea, Macao, Taipéi Chino y Reino Unido también estuvieron entre los sistemas que lograron ubicarse en los diez primeros lugares en las tres áreas.

¿Qué tienen en común estos sistemas? No existe una fórmula mágica ni una única explicación. Sin embargo, sus resultados muestran la importancia de contar con políticas educativas sostenidas, capacidad de evaluación, formación docente, innovación, cultura científica y una visión de largo plazo. Singapur, por ejemplo, logró que alrededor del 90% de sus estudiantes alcanzara el nivel básico de competencia en ciencias y que el 26% estuviera entre los estudiantes de mayor desempeño en esa área.

Y aquí aparece la pregunta inevitable: ¿dónde está Panamá?

La respuesta es incómoda: Panamá no participó en PISA 2025. La OCDE registra que nuestro país participó anteriormente en 2022, 2018 y 2009, pero no figura entre los participantes del ciclo 2025.

Esta ausencia debería abrir una conversación nacional. No participar significa renunciar temporalmente a una herramienta que permite conocer cómo están aprendiendo nuestros estudiantes frente a jóvenes de decenas de países y economías. Significa, además, perder la posibilidad de observar tendencias internacionales y aprender de sistemas educativos que han conseguido mejores resultados.

La participación en PISA no debe entenderse como una competencia deportiva donde lo importante es aparecer entre los primeros lugares. Su verdadero valor está en el diagnóstico. Panamá ya tiene una referencia preocupante de su participación de 2022: nuestros estudiantes obtuvieron, en promedio, 357 puntos en matemáticas, 392 en lectura y 388 en ciencias, por debajo de los promedios de la OCDE.

Precisamente por eso necesitamos medirnos.

Un país no puede mejorar aquello que se niega a conocer. Si queremos transformar la educación panameña, necesitamos datos confiables que permitan identificar las fortalezas, las brechas entre estudiantes y regiones, las desigualdades socioeconómicas y las áreas donde debemos concentrar recursos y esfuerzos.

PISA tampoco debe convertirse en un instrumento para señalar o culpabilizar a docentes, estudiantes o familias. Al contrario, debe ser una herramienta para comprender qué está ocurriendo dentro de nuestro sistema educativo y construir soluciones.

Panamá necesita mirar hacia los países que están obteniendo mejores resultados, no para copiarlos mecánicamente, sino para estudiar qué políticas funcionan, cómo forman a sus docentes, cómo utilizan la tecnología, cómo fortalecen las ciencias y las matemáticas y, sobre todo, cómo convierten la educación en una verdadera política de Estado.

La gran lección de PISA 2025 no es quién ganó. La gran lección es que la educación sigue siendo uno de los principales motores del desarrollo de las naciones.

Por eso Panamá debe volver a participar, medir sus avances y asumir los resultados con madurez. Porque evaluar no es fracasar. Fracasar sería negarnos a saber dónde estamos y qué debemos hacer para avanzar.

Por: Jonathan Padilla

Continue Reading

Artículos de Opinión

Nepotismo: la corrupción que también debemos combatir

Published

on

Una llamada a rescatar la meritocracia para fortalecer las instituciones en Panamá.

Panamá, 31 de agosto de 2026 – El autor es Educador y promotor social

Artículo de Opinión

Hablar de corrupción en Panamá suele llevarnos a pensar en grandes escándalos, contratos millonarios, sobrecostos, sobornos o desvío de fondos públicos. Sin embargo, existe una práctica que, aunque a veces se intenta presentar como normal, también debilita profundamente nuestras instituciones: el nepotismo. Cuando los vínculos familiares, personales o políticos pesan más que el mérito, la capacidad y la transparencia para acceder a una posición pública, perdemos todos.

El nepotismo no es un asunto menor. Cada nombramiento realizado por amistad, parentesco o conveniencia, sin considerar la idoneidad, envía un mensaje equivocado a la sociedad. Le dice al joven preparado que estudiar quizá no sea suficiente; al funcionario honesto que competir en igualdad de condiciones puede ser difícil; y al ciudadano que las instituciones pueden convertirse en espacios reservados para grupos cercanos al poder.

El problema se agrava cuando estas prácticas se normalizan. Panamá necesita comprender que la corrupción no comienza únicamente cuando desaparece el dinero público. También empieza cuando se debilitan los principios de igualdad, mérito y servicio. Una institución que privilegia relaciones personales por encima de competencias corre el riesgo de perder eficiencia, credibilidad y capacidad para responder a las verdaderas necesidades de la población.

Los datos internacionales deben hacernos reflexionar. En el Índice de Percepción de la Corrupción 2025 de Transparencia Internacional, Panamá obtuvo 33 puntos sobre 100 y se ubicó en la posición 116 entre 182 países y territorios evaluados. La cifra representa un estancamiento y confirma que tenemos un desafío serio en materia de confianza institucional y transparencia pública. No se trata solamente de una posición en un ranking: detrás de esos números existe una percepción que afecta nuestra imagen, nuestra economía y la relación entre ciudadanos e instituciones.

Un país percibido como vulnerable a la corrupción enfrenta mayores dificultades para construir confianza. Los inversionistas observan la seguridad jurídica y la fortaleza institucional. Los ciudadanos cuestionan si las decisiones se toman pensando en el interés colectivo. Los jóvenes pueden sentirse frustrados cuando consideran que las oportunidades dependen más de conocer a alguien que de prepararse. Así, la corrupción termina afectando el desarrollo económico, la movilidad social y la esperanza.

Combatir el nepotismo requiere decisiones concretas. Necesitamos concursos públicos transparentes, criterios claros de contratación, mecanismos efectivos para prevenir conflictos de interés y una cultura institucional basada en la meritocracia. La formación académica y la experiencia deben importar. También debemos fortalecer la rendición de cuentas y garantizar que la información pública permita a la ciudadanía conocer cómo y por qué se toman determinadas decisiones.

Pero ninguna reforma será suficiente si no cambiamos nuestra cultura. Debemos dejar de justificar lo incorrecto porque “siempre se ha hecho así” o porque beneficia a personas cercanas. La ética pública exige coherencia. No podemos reclamar transparencia para los demás y tolerar privilegios cuando favorecen a nuestros familiares, amigos o aliados. Construir un mejor país comienza también en las pequeñas decisiones cotidianas.

Panamá tiene talento, juventud, profesionales comprometidos y ciudadanos dispuestos a servir. Nuestro reto es crear instituciones donde esas capacidades tengan oportunidades reales. Necesitamos un Estado que premie la preparación, la honestidad y los resultados; no las conexiones.

Ser un mejor país implica entender que la lucha contra la corrupción no pertenece únicamente a los gobiernos, jueces o fiscales. Es una responsabilidad colectiva. La sociedad civil, los medios de comunicación, las empresas, las universidades y cada ciudadano tienen un papel fundamental.

El nepotismo puede parecer una práctica silenciosa, pero sus consecuencias son profundas. Si queremos mejorar nuestra posición internacional y, sobre todo, nuestra calidad institucional, debemos recuperar el valor del mérito. Panamá no necesita más puertas abiertas por parentesco; necesita más oportunidades abiertas para quienes demuestren capacidad y compromiso. Solo así construiremos instituciones más justas, una democracia más fuerte y un país donde el futuro dependa menos de a quién conocemos y más de lo que somos capaces de aportar.

Por: Jonathan Padilla Sánchez

Continue Reading

Artículos de Opinión

La relación de trabajo encubierta: cuando el contrato civil es realmente laboral

Published

on

La delgada línea entre ser un prestador de servicios y un empleado real.

Panamá, 7 de julio de 2026 – Perfil: Abogado especialista en Derecho del Trabajo

La relación laboral encubierta se ha convertido en una de las principales zonas grises del mercado de trabajo en Panamá. Aunque no es un fenómeno nuevo, su expansión en los últimos años refleja cambios profundos en la forma en que se organiza el trabajo: mayor tercerización, crecimiento de servicios por contrato y nuevas dinámicas digitales.

En términos simples, existe una relación laboral encubierta cuando, bajo la apariencia de un contrato civil o comercial, en la práctica se desarrolla una verdadera relación de trabajo. Es decir, cuando alguien es contratado como “independiente”, pero en realidad trabaja bajo condiciones propias de un empleado.

Esta distinción no es menor. De ella dependen derechos fundamentales como salario, jornada, seguridad social y prestaciones laborales. Por eso, el derecho laboral panameño no se limita a lo que dicen los contratos, sino a lo que ocurre en la realidad.

El propio Código de Trabajo establece criterios claros. La subordinación jurídica —elemento clave de toda relación laboral— se configura cuando el empleador ejerce, o puede ejercer, dirección sobre la forma en que se ejecuta el trabajo. Esto significa que no es necesario un control constante o presencial; basta con que exista la posibilidad de dirigir la actividad.

A esto se suma la dependencia económica, que se presenta cuando los ingresos del trabajador provienen principalmente de una sola fuente o cuando este no tiene verdadera autonomía económica. En estos casos, la ley es clara: ante la duda, la relación debe considerarse laboral. Incluso más, la normativa panameña presume la existencia de una relación de trabajo cuando una persona presta un servicio de manera personal para otra.

Sin embargo, aplicar estos criterios hoy no siempre es sencillo. El mercado laboral ha evolucionado más rápido que las normas. Existen casos de consultores que trabajan durante años para una sola empresa, técnicos que reciben instrucciones diarias aunque facturen como independientes y trabajadores digitales que, aunque no tienen un jefe visible, están sujetos a sistemas de control, métricas y algoritmos que condicionan su desempeño.

En este contexto, la subordinación ya no siempre se manifiesta a través de un horario fijo o un supervisor directo. Puede existir sin presencia física, mediante herramientas tecnológicas o esquemas de control indirecto. Esto obliga a interpretar la ley de forma dinámica, adaptándola a las nuevas realidades del trabajo.

Las consecuencias de ignorar esta situación son relevantes. Para el trabajador, implica la pérdida de derechos básicos: acceso a la seguridad social, estabilidad laboral y prestaciones. Para las empresas, también representa riesgos importantes: litigios, sanciones y el pago retroactivo de obligaciones laborales y de seguridad social.

Pero más allá de las partes involucradas, el impacto es estructural. La proliferación de relaciones encubiertas distorsiona la competencia, favorece la informalidad y debilita la seguridad jurídica del mercado laboral.

Otros países ya han empezado a enfrentar este desafío. Algunos han desarrollado criterios más precisos para identificar cuándo existe una relación laboral; otros han creado categorías intermedias o han regulado de forma específica el trabajo en plataformas digitales. Estas experiencias demuestran que es posible adaptar el derecho laboral sin frenar la actividad económica.

Panamá tiene una oportunidad clara: avanzar hacia reglas más precisas y actualizadas que permitan distinguir, con mayor certeza, entre el trabajo verdaderamente independiente y aquel que, en los hechos, es subordinado. Esto no implica rigidez, sino claridad.

La relación laboral encubierta no es simplemente un problema legal. Es una señal de que el marco normativo actual no refleja completamente la realidad del trabajo. Atenderla no debe verse como una carga para el sector productivo, sino como una medida necesaria para fortalecer la confianza, la transparencia y la equidad en el mercado laboral.

Ignorar esta situación no solo afecta a los trabajadores, sino que también debilita el entorno de negocios del país. Reconocerla y regularla adecuadamente es un paso indispensable para construir un sistema laboral más justo, moderno y coherente con los desafíos actuales.

Autor: Carlos Castillero Virzi – carloscastillero24@gmail.com

Continue Reading

Trending

Copyright © 2017 Daily News 507 | Creado por SEO Panamá.