Connect with us

Artículos de Opinión

Café Presidente: una taza que puede cambiar el rumbo de una vida

Published

on

El aroma de la oportunidad. El sabor del cambio.

Panamá, 24 de septiembre de 2026 – El autor es educador y promotor social

Artículo de Opinión

Hay oportunidades que comienzan con una puerta que se abre. Para una persona que ha estado privada de libertad, esa puerta puede representar mucho más que un empleo: significa la posibilidad de reconstruir su proyecto de vida, recuperar la confianza y demostrar que el pasado no tiene por qué definir el futuro.

En ese contexto surge Café Presidente, una iniciativa del Gobierno Nacional que apuesta por la formación, el trabajo y el desarrollo de capacidades como herramientas para acompañar los procesos de reinserción social. A través de este programa, exprivados de libertad tienen acceso a preparación y experiencias laborales en áreas como barismo, atención al cliente y administración.

Más allá del café, existe una idea que merece ser destacada: la resocialización no puede reducirse al cumplimiento de una condena. Recuperar la libertad representa apenas una parte del camino. El verdadero desafío aparece cuando una persona debe regresar a su comunidad, buscar sustento, reconstruir vínculos y enfrentarse nuevamente a una sociedad que, en ocasiones, puede mirarla únicamente desde los errores cometidos.

Por eso, cualquier estrategia orientada a la reinserción debe contemplar una formación integral. Aprender un oficio es fundamental, pero también resulta necesario fortalecer otras dimensiones de la vida cotidiana. La psicología puede ayudar a trabajar emociones, autoestima y manejo de conflictos; las relaciones humanas pueden aportar herramientas para convivir y desenvolverse en distintos entornos; mientras que la educación financiera puede enseñar a administrar ingresos, planificar gastos, ahorrar y construir una mayor autonomía económica.

A ello podrían sumarse capacitación digital, orientación laboral, emprendimiento, comunicación efectiva y acompañamiento familiar. No se trata únicamente de preparar a alguien para ocupar un puesto, sino de proporcionarle instrumentos que le permitan enfrentar las responsabilidades que implica comenzar nuevamente.

La sociedad también tiene un papel determinante. La reinserción no ocurre únicamente dentro de un centro penitenciario ni termina cuando una persona obtiene un certificado. Requiere empresas dispuestas a ofrecer oportunidades, comunidades capaces de acompañar, instituciones que den seguimiento y familias que puedan encontrar espacios para reconstruir relaciones.

Cuando una persona encuentra una alternativa legítima para ganarse la vida, desarrolla habilidades y recibe acompañamiento, se amplían sus posibilidades de construir una trayectoria diferente. El beneficio, por tanto, no corresponde únicamente al participante. También alcanza a su familia, a su comunidad y al conjunto de la sociedad.

Café Presidente puede ser entendido precisamente desde esa perspectiva: como una experiencia que vincula capacitación, empleo y nuevas posibilidades. Su verdadero valor, sin embargo, dependerá también de la continuidad, el seguimiento y la capacidad de medir los resultados obtenidos por quienes participan.

Aquí aparece un punto que considero esencial: los programas de resocialización deben tener visión de largo plazo. No deberían comenzar y terminar con una administración gubernamental. Las personas que atraviesan estos procesos necesitan estabilidad, acompañamiento y tiempo para consolidar los aprendizajes adquiridos.

Los cambios políticos forman parte de la democracia, pero determinadas políticas sociales necesitan permanecer más allá de los períodos de gobierno. La educación, la prevención y la reinserción producen resultados que no siempre pueden medirse en meses. Requieren perseverancia, evaluación y ajustes constantes.

Panamá necesita mirar la resocialización como una inversión social. Cada oportunidad de capacitación, cada empleo conseguido y cada historia de transformación representa una posibilidad de reducir barreras y fortalecer la convivencia. Una segunda oportunidad no significa borrar el pasado. Significa reconocer que una persona puede aprender de él y construir, con responsabilidad, un camino distinto.

Ese debería ser uno de los grandes propósitos de cualquier política de reinserción: que al recuperar la libertad, también se recuperen las posibilidades.

Por: Jonathan Padilla Sanchez

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos de Opinión

EducaMente: una nueva mirada para transformar las aulas

Published

on

Estrategias pedagógicas innovadoras para potenciar el aprendizaje y desarrollo de los estudiantes.

Panamá, 21 de septiembre de 2026 – El autor es educador y promotor social

Artículo de Opinión

La educación no se transforma únicamente con nuevos programas, tecnología o infraestructura. También cambia cuando quienes están frente a un aula comprenden mejor a sus estudiantes, sus emociones, sus capacidades y las distintas maneras en que cada uno aprende. En ese proceso, la formación de los docentes ocupa un lugar fundamental.

En Panamá, desde 2019, EducaMente nació con una propuesta que mantiene plena vigencia: acercar la neurociencia, la psicología y la educación a la realidad cotidiana de las aulas. Su propósito no ha sido solamente compartir información, sino ayudar a los educadores a comprender qué ocurre detrás del aprendizaje y cómo ese conocimiento puede convertirse en mejores formas de enseñar, acompañar y relacionarse con los estudiantes.

Su primera edición reunió aproximadamente a 350 participantes. Desde entonces, la iniciativa ha crecido mediante congresos, capacitaciones, talleres y espacios de actualización profesional. Cerca de 7,700 docentes y profesionales vinculados con la educación han participado en sus diferentes actividades, alcanzando, de acuerdo con las cifras del proyecto, a más de tres millones de estudiantes.

Pero detrás de estas cifras existe algo más importante: una necesidad que permanece dentro de nuestras escuelas. Los educadores enfrentan diariamente situaciones relacionadas con la salud mental, la inclusión, la neurodivergencia, el autismo, el TDAH, las dificultades de lectoescritura, la convivencia escolar, el liderazgo y el bienestar socioemocional.

Responder a estos desafíos requiere preparación. Un docente necesita conocer las herramientas que le permitan interpretar mejor determinadas conductas, reconocer diferentes formas de aprendizaje y construir ambientes donde los estudiantes puedan sentirse seguros, escuchados e incluidos.

Uno de los aspectos más interesantes de EducaMente es precisamente su esfuerzo por acercar conocimientos especializados a la práctica. La neurociencia y la psicología pueden parecer disciplinas alejadas de la rutina escolar, pero cuando sus aportes son traducidos a estrategias concretas pueden convertirse en instrumentos útiles para quienes enseñan.

Hay una frase que resume buena parte de esta filosofía: “Cuando cambia el adulto, todo cambia”. La expresión invita a mirar la transformación educativa desde otro ángulo. Antes de pedir mejores resultados a los estudiantes, también debemos preguntarnos cuánto estamos acompañando y fortaleciendo a los adultos responsables de su formación.

Un educador que aprende a comprender antes de juzgar puede responder de manera diferente ante una conducta difícil. Quien conoce mejor las particularidades del aprendizaje puede buscar nuevas estrategias para enseñar. Y quien desarrolla herramientas para cuidar su propio bienestar emocional también puede contribuir a generar espacios más saludables para sus estudiantes.

La experiencia de EducaMente también ha trascendido las fronteras panameñas. Sus congresos han reunido participantes y especialistas de Ecuador, Costa Rica, República Dominicana, Paraguay, Colombia, Bolivia, Estados Unidos y Panamá. Ese intercambio permite compartir experiencias y reconocer que muchos de los retos educativos son comunes en distintos países de la región.

En septiembre de 2026, EducaMente celebrará su octava edición bajo el lema “Neuroeducar para transformar”, con nueve conferencistas internacionales y una asistencia proyectada de entre 1,200 y 1,300 participantes. El crecimiento desde aquella primera convocatoria de aproximadamente 350 personas refleja el interés que existe por encontrar nuevas herramientas para afrontar los desafíos de la educación contemporánea.

Sin embargo, el verdadero impacto de una iniciativa de este tipo no debería medirse solamente por la cantidad de participantes. También está en aquello que sucede después de cada encuentro: cuando un docente regresa a su escuela con una nueva perspectiva, cuando decide escuchar de otra manera a un estudiante o cuando encuentra una estrategia para acompañar una dificultad que antes no sabía cómo abordar.

La educación necesita cambios estructurales, pero también necesita cambios en la mirada. Necesita docentes que continúen aprendiendo, instituciones que acompañen y comunidades que comprendan que educar es una responsabilidad compartida.

EducaMente representa, en ese sentido, una conversación necesaria sobre el presente y el futuro de nuestras aulas. Porque transformar la educación no comienza únicamente con lo que enseñamos. También comienza con la manera en que entendemos a quienes aprenden.

Y quizás esa sea una de las grandes lecciones: para transformar las aulas, primero debemos estar dispuestos a cambiar nuestra propia mirada.

Por Jonathan Padilla Sánchez

Continue Reading

Artículos de Opinión

PISA 2025 y la pregunta que Panamá debe hacerse

Published

on

Transformar la educación panameña exige analizar las pruebas PISA 2025 con evidencia.

Panamá, 9 de septiembre de 2026 – El autor es educador y promotor social

Artículo de Opinión

Hay resultados educativos que no deberían pasar desapercibidos. La publicación de los resultados de las pruebas PISA 2025 vuelve a poner sobre la mesa una realidad que Panamá no puede seguir postergando: la educación necesita medirse, compararse y transformarse con base en evidencia.

PISA, impulsada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), evalúa a estudiantes de 15 años en áreas fundamentales como ciencias, matemáticas y lectura, además de incorporar en esta edición la resolución de problemas en el mundo digital. No se trata simplemente de saber quién ocupa el primer lugar. Se trata de conocer qué tan preparados están nuestros jóvenes para enfrentar los desafíos de la vida real.

Los resultados de 2025 dejan importantes lecciones. Las jurisdicciones chinas de Beijing, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang, agrupadas por la OCDE como B-S-J-Z, y Singapur fueron los sistemas educativos con mejor desempeño global en las tres áreas principales. B-S-J-Z obtuvo 597 puntos en ciencias y 612 en matemáticas, mientras Singapur alcanzó el primer lugar en lectura, con 535 puntos. Japón, Estonia, Corea, Macao, Taipéi Chino y Reino Unido también estuvieron entre los sistemas que lograron ubicarse en los diez primeros lugares en las tres áreas.

¿Qué tienen en común estos sistemas? No existe una fórmula mágica ni una única explicación. Sin embargo, sus resultados muestran la importancia de contar con políticas educativas sostenidas, capacidad de evaluación, formación docente, innovación, cultura científica y una visión de largo plazo. Singapur, por ejemplo, logró que alrededor del 90% de sus estudiantes alcanzara el nivel básico de competencia en ciencias y que el 26% estuviera entre los estudiantes de mayor desempeño en esa área.

Y aquí aparece la pregunta inevitable: ¿dónde está Panamá?

La respuesta es incómoda: Panamá no participó en PISA 2025. La OCDE registra que nuestro país participó anteriormente en 2022, 2018 y 2009, pero no figura entre los participantes del ciclo 2025.

Esta ausencia debería abrir una conversación nacional. No participar significa renunciar temporalmente a una herramienta que permite conocer cómo están aprendiendo nuestros estudiantes frente a jóvenes de decenas de países y economías. Significa, además, perder la posibilidad de observar tendencias internacionales y aprender de sistemas educativos que han conseguido mejores resultados.

La participación en PISA no debe entenderse como una competencia deportiva donde lo importante es aparecer entre los primeros lugares. Su verdadero valor está en el diagnóstico. Panamá ya tiene una referencia preocupante de su participación de 2022: nuestros estudiantes obtuvieron, en promedio, 357 puntos en matemáticas, 392 en lectura y 388 en ciencias, por debajo de los promedios de la OCDE.

Precisamente por eso necesitamos medirnos.

Un país no puede mejorar aquello que se niega a conocer. Si queremos transformar la educación panameña, necesitamos datos confiables que permitan identificar las fortalezas, las brechas entre estudiantes y regiones, las desigualdades socioeconómicas y las áreas donde debemos concentrar recursos y esfuerzos.

PISA tampoco debe convertirse en un instrumento para señalar o culpabilizar a docentes, estudiantes o familias. Al contrario, debe ser una herramienta para comprender qué está ocurriendo dentro de nuestro sistema educativo y construir soluciones.

Panamá necesita mirar hacia los países que están obteniendo mejores resultados, no para copiarlos mecánicamente, sino para estudiar qué políticas funcionan, cómo forman a sus docentes, cómo utilizan la tecnología, cómo fortalecen las ciencias y las matemáticas y, sobre todo, cómo convierten la educación en una verdadera política de Estado.

La gran lección de PISA 2025 no es quién ganó. La gran lección es que la educación sigue siendo uno de los principales motores del desarrollo de las naciones.

Por eso Panamá debe volver a participar, medir sus avances y asumir los resultados con madurez. Porque evaluar no es fracasar. Fracasar sería negarnos a saber dónde estamos y qué debemos hacer para avanzar.

Por: Jonathan Padilla

Continue Reading

Artículos de Opinión

Nepotismo: la corrupción que también debemos combatir

Published

on

Una llamada a rescatar la meritocracia para fortalecer las instituciones en Panamá.

Panamá, 31 de agosto de 2026 – El autor es Educador y promotor social

Artículo de Opinión

Hablar de corrupción en Panamá suele llevarnos a pensar en grandes escándalos, contratos millonarios, sobrecostos, sobornos o desvío de fondos públicos. Sin embargo, existe una práctica que, aunque a veces se intenta presentar como normal, también debilita profundamente nuestras instituciones: el nepotismo. Cuando los vínculos familiares, personales o políticos pesan más que el mérito, la capacidad y la transparencia para acceder a una posición pública, perdemos todos.

El nepotismo no es un asunto menor. Cada nombramiento realizado por amistad, parentesco o conveniencia, sin considerar la idoneidad, envía un mensaje equivocado a la sociedad. Le dice al joven preparado que estudiar quizá no sea suficiente; al funcionario honesto que competir en igualdad de condiciones puede ser difícil; y al ciudadano que las instituciones pueden convertirse en espacios reservados para grupos cercanos al poder.

El problema se agrava cuando estas prácticas se normalizan. Panamá necesita comprender que la corrupción no comienza únicamente cuando desaparece el dinero público. También empieza cuando se debilitan los principios de igualdad, mérito y servicio. Una institución que privilegia relaciones personales por encima de competencias corre el riesgo de perder eficiencia, credibilidad y capacidad para responder a las verdaderas necesidades de la población.

Los datos internacionales deben hacernos reflexionar. En el Índice de Percepción de la Corrupción 2025 de Transparencia Internacional, Panamá obtuvo 33 puntos sobre 100 y se ubicó en la posición 116 entre 182 países y territorios evaluados. La cifra representa un estancamiento y confirma que tenemos un desafío serio en materia de confianza institucional y transparencia pública. No se trata solamente de una posición en un ranking: detrás de esos números existe una percepción que afecta nuestra imagen, nuestra economía y la relación entre ciudadanos e instituciones.

Un país percibido como vulnerable a la corrupción enfrenta mayores dificultades para construir confianza. Los inversionistas observan la seguridad jurídica y la fortaleza institucional. Los ciudadanos cuestionan si las decisiones se toman pensando en el interés colectivo. Los jóvenes pueden sentirse frustrados cuando consideran que las oportunidades dependen más de conocer a alguien que de prepararse. Así, la corrupción termina afectando el desarrollo económico, la movilidad social y la esperanza.

Combatir el nepotismo requiere decisiones concretas. Necesitamos concursos públicos transparentes, criterios claros de contratación, mecanismos efectivos para prevenir conflictos de interés y una cultura institucional basada en la meritocracia. La formación académica y la experiencia deben importar. También debemos fortalecer la rendición de cuentas y garantizar que la información pública permita a la ciudadanía conocer cómo y por qué se toman determinadas decisiones.

Pero ninguna reforma será suficiente si no cambiamos nuestra cultura. Debemos dejar de justificar lo incorrecto porque “siempre se ha hecho así” o porque beneficia a personas cercanas. La ética pública exige coherencia. No podemos reclamar transparencia para los demás y tolerar privilegios cuando favorecen a nuestros familiares, amigos o aliados. Construir un mejor país comienza también en las pequeñas decisiones cotidianas.

Panamá tiene talento, juventud, profesionales comprometidos y ciudadanos dispuestos a servir. Nuestro reto es crear instituciones donde esas capacidades tengan oportunidades reales. Necesitamos un Estado que premie la preparación, la honestidad y los resultados; no las conexiones.

Ser un mejor país implica entender que la lucha contra la corrupción no pertenece únicamente a los gobiernos, jueces o fiscales. Es una responsabilidad colectiva. La sociedad civil, los medios de comunicación, las empresas, las universidades y cada ciudadano tienen un papel fundamental.

El nepotismo puede parecer una práctica silenciosa, pero sus consecuencias son profundas. Si queremos mejorar nuestra posición internacional y, sobre todo, nuestra calidad institucional, debemos recuperar el valor del mérito. Panamá no necesita más puertas abiertas por parentesco; necesita más oportunidades abiertas para quienes demuestren capacidad y compromiso. Solo así construiremos instituciones más justas, una democracia más fuerte y un país donde el futuro dependa menos de a quién conocemos y más de lo que somos capaces de aportar.

Por: Jonathan Padilla Sánchez

Continue Reading

Trending

Copyright © 2017 Daily News 507 | Creado por SEO Panamá.